Evento en Peñascosa

Os dejamos las fotos del último evento realizado en Peñascosa, cerca de Alcaraz. Esta vez, no fuimos capaces de fotografiar nada nuevo, ya que nos centramos en objetos Messier muy débiles para la cámara. En compensación os dejamos otras imágenes del aquel día:

Cosmotour.es
Cosmotour.es
Cosmotour.es
En esta ocasión preparamos bien la velada, que se alargó hasta bien entrada la noche. (Cosmotour.es)
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La noche fue perfecta para la observación, ya que no había luna. Aunque pudimos observarla brévemente unos 20 minutos tras la puesta de Sol, cuando la luna, también se puso.

Esta foto no corresponde a esa noche, ya que luna se puso cuando aún clareaba, una noche perfecta para la observación. (Beatriz Medina Rodado)

Lo que si pudimos ver de la luna antes de que se pusiese fue algo como esto:

Foto realziada con cámara. (Beatriz Medina Rodado)

Es una pena no tener fotos, pero pudimos ver, entre otras maravillas, la nebulosa del anillo y la galaxia whirlpool. que no se llama así por los electrodomésticos, es la galaxia remolino.

¡Os esperamos en el próximo evento!

La cara oculta de la luna o acoplamiento de marea

El “acoplamiento de marea” es un fenómeno habitual que tiene un nombre muy científico y que consiste en lo que, comúnmente, vemos todas las noches, que la luna siempre nos muestra el mismo lado.

Probablemente sepas ya que esto se debe a que el periodo de rotación y traslación de la luna, son idénticos. Es decir, su día y su vuelta a la tierra, duran 28 días. Es común creer que el satélite no tiene movimiento propio, pues no lo percibimos, os recomiendo esta animación de Carlos Pazos de MolaSaber que es muy ilustrativo.

Quizá por la fuerza de la costumbre, no nos hemos preguntado a qué se debe este fenómeno. Quizá sentimos más curiosidad por saber cómo es la cara oculta que por saber la razón por la que no vemos la cara oculta.

Como dato curioso, cualquier parte del sistema solar es visible desde la tierra. En teoría y gracias a la rotación de los cuerpos, hemos podido ver los planetas, sus lunas, el sol y asteroides, antes que la cara oculta de la luna que, hasta 1959, no conseguimos ver. Por la misma razón, es el lugar indicado del sistema solar para hacer radioastronomía, ya que toda la luna actúa de pantalla ante las ondas de radio procedentes de la tierra.

Como decíamos, este fenómeno que oculta o muestra una cara de la luna se llama “acoplamiento de marea” y el nombre es de lo más indicado. Todos conocemos el efecto de la gravedad lunar en nuestros días de playa, en los que, si andamos despistados, se nos moja la toalla o se nos plantan 20 líneas de veraneantes delante del mar. Las mareas se producen por la gravedad lunar, y solar en menor medida, y éstas son las responsables del acoplamiento de marea. Bueno, técnicamente las mareas que la tierra produce en la luna, que también las hay.

No podemos ver las mareas en la luna (a simple vista) ya que no hay mares líquidos que “suban y bajen”, pero la tierra sólida (¿o debería decir la Luna sólida?) también sufre esa marea en las rocas que la componen. Esto se traduce en que la luna se abomba en dirección a la tierra por efecto de la marea, y se producen unos bultos en eje tierra-luna. Estos bultos deben desplazarse por la luna a medida que esta rota, pero como necesita un cierto tiempo para alcanzar el equilibrio (la luna rota más rápido que el bulto se mueve por la superficie), el bulto se desplaza ligeramente de este eje (por delante o por detrás en función del periodo de rotación y traslación del satélite). Finalmente, estos bultos desalineados, son masas que ejercen fuerzas de atracción que, simplificando, son las fuerzas que frenan la rotación de la luna poco a poco hasta que se consigue el acoplamiento y estas fuerzas desaparecen, al no seguir moviéndose los bultos respecto del eje tierra-luna.

No desesperes si no lo entiendes, aún no hemos dicho a qué se deben los bultos, sólo que existen. Entendemos su existencia porque vemos las mareas, podemos experimentarlo. La razón de la aparición de las mareas es que cada trozo de materia, tu y yo incluidos, experimentamos la fuera de la gravedad de la luna. Si pudiésemos encenderla y apagarla por arte de ciencia, lo notaríamos más, pero al vivir inmersos en su campo gravitatorio, no lo notamos porque no cambia. Sin embargo, cuando la tierra y la luna se mueven y rotan, sus posiciones cambian y por lo tanto la dirección a la que nos vemos atraídos. Puesto que las fuerzas se dirigen al centro de cada cuerpo (por simplificar, ya que el total es el efecto de la suma de fuerza de cada partícula hacia cada partícula de ambos objetos). Como consecuencia, todo lo que no está alineado en el eje que une ambos objetos ejerce fuerza hacia el eje comprimiendo todo desde ambos lados del eje hacia el eje, es decir generando por presión ambos bultos. Algo así como coger un globo de agua y apretarlo cerrando la mano, se hará una salchicha que saldrá por arriba y por debajo de nuestra mano, como los bultos de las mareas.

Además del fenómeno visible, se producen otros, como el alejamiento del satélite y la modificación de la duración de los días en la tierra. Pero eso es tema para otra entrada.

Los satélites cercanos a los grandes planetas son candidatos idóneos para presentar este fenómeno. Nosotros, sólo hemos experimentado visualmente el fenómeno en la luna, pero es muy común en el universo (me atrevo a decir, aunque la mayoría de los ejemplos que se conocen están en el sistema solar), por ejemplo, todas las grandes lunas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, la propia luna, Caronte con Plutón, mercurio con el Sol. Sí, también se da en planetas. Incluso Plutón con Caronte, es decir, de planetas con sus lunas. También se conocen casos fuera del sistema solar.

Grácias a Máximo Bustamante por prestarme su material para ilustrar esta entrada y otras partes de la web.

Mi consejo, sal a pasear esta noche, mira a la luna y piensa que no vimos su otra cara hasta 1959 y que, únicamente 27 astronautas la han visto en persona debido al acoplamiento de marea.

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Starlink, hay más.

Starlink contaminación luminica y orbita baja

Hace unas semanas escribía sobre el Starlink de SpaceX. Según publica el portal SpaceNews el pasado 1 de Julio se perdió el contacto con 3 de los 60 satélites que se lanzaron de una sola vez. En la Anterior entrada sobre este tema comentábamos que las constelaciones de satélites de comunicaciones van a empezar a crecer como las setas con la consiguiente pérdida de calidad del cielo nocturno.

El tema no acaba ahí. La pérdida de satélites no es algo malo para el servicio, es más, es algo previsto. Por ejemplo, los satélites del sistema GPS lanzan unidades de reserva para mantener el servicio. En este caso, son entre 30 y 40 con 24 en activo. Su vida puede llegar a los 15 años, y se van reponiendo por tandas. Hasta aquí Starlink no inventa nada.

La diferencia es que Starlink se dedica a la comunicación y las distancias aquí sí afectan al servicio, ya que alargan los tiempos de transmisión y recepción. Para eso, se eligen órbitas bajas, más cercanas a las fuentes y los receptores, pero que al estar más abajo ven menos en el horizonte, igual que cuando te subes a un edificio alto, a más alto, más ves.

Las órbitas altas necesitan menos satélites, pero alargan los tiempos de transmisión, y eso no va bien si quieres dedicarte a las comunicaciones. La solución de SpaceX es poner más unidades en órbita (12000), pero a una órbita baja. 550 km de altura frente a los 20200 km de altura del GPS. A más distancia, también se requiere más potencia de transmisión, teléfonos o módems más grandes, satélites más grandes y más paneles solares y más cohete para lanzarlo… No está mal pensado lo de Starlink.

Los satélites, realmente se dejaron más abajo, a 440 km de altura, y se han colocado en sus órbitas finales después de un tiempo de viaje, excepto los tres que han fallado y otros cinco que están trabajando en ello.

Afortunadamente, tienen todo pensado (menos que se iban a ver como luciérnagas). Los satélites están en orbitas tan bajas que éstas acaban siendo su propio final. A esa altura aún existe rozamiento atmosférico, poco, pero ahí está, y el satélite acabará cayendo tras cinco años de periplo, un pelín menos que su vida útil de entre 5 y 7 años. Lo malo es que no se puede controlar la reentrada. Son pequeños, de 200kg frente a los 130.000 kg. Si la atmosfera pudo con la Mir, puede con esto. Solo que la Mir no se desintegró entera, está en el fondo del Pacifico y aún quedan buenos trozos. Esto no es lo mismo, pero alguna parte puede caer sobre ti (no alarmarse, hay mucho planeta).

Total, que si el ritmo de fallo se mantiene en el 5%, en unos años tendremos 60 satélites sin control que caerán después de unos años. La mayoría de los satélites se desorbitarán de forma controlada.

Os comentaba en la otra entrada que Starlink no era la única constelación. Oneweb tiene 6 de 648 ya en órbita desde febrero y Keppler Communicatios 2 de 140, el primero puesto en órbita en febrero de 2018.

No sé si seguiste mi consejo, por si acaso me reafirmo, Sal esta noche y mira el cielo, lo mismo en unos años lo tienes que hacer con un paraguas de acero.

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