Serie “Cómo funciona el cosmos”. Capitulo cuarto: Límite de Roche

En la entrada anterior de esta serie comentamos los efectos de las mareas en los satélites y el acoplamiento de marea. Las mareas son más fuertes cuanto más grande y cercano es el planeta o el satélite, pero no podemos acercar el satélite al planeta tanto como queramos (si es que dependiese de nosotros).

El límite de proximidad viable, por llamarlo de alguna manera, es el límite de Roche. Éste, que depende de las características del planeta y del satélite, determina a partir de qué distancia el satélite es estable y por debajo de que distancia las fuerzas de marea acabarán destruyendo el satélite y creando un bonito sistema de anillos.

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Los planetas no siempre estuvieron ahí.

Helvetios y Domidio

Bueno, ahí, en el espacio, sí que estaban, pero en otra posición. No es que los colocaran después. Lo que pasa es que estaban en otras órbitas. ¿Cómo sabemos eso? Lo sabemos gracias a un descubrimiento “imposible”.

Cuando en 1995 se descubre el primer planeta extrasolar, el método que se usó para detectarlo fue el de velocidad radial. Aunque ya lo veremos más despacio en otra entrada, se trata de ver como un planeta “bambolea” su estrella al girar alrededor de ésta. Como no vemos el planeta, sabemos que está ahí debido al pequeño movimiento que tiene la estrella alrededor de un punto distinto a su centro (aunque muy próximo).

Movimiento de la estrella producido por un planeta. Wikipedia
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Los rayos cósmicos no te matarán

Contrariamente a lo que pueda pasarnos por la cabeza, al oír Rayos cósmicos no hablamos de esto:

“¡Dios, no! Nos alcanzarán con los rayos cósmicos”. PrimoGif

Los rayos cósmicos son algo menos artificial.

Cuando a principios del siglo XX se estudiaba la ionización de la atmósfera, se pudo comprobar que esta aumentaba conforme a la altitud, por lo que determinó que la fuente de la ionización venia del espacio. Si, pero ¿qué la causa?

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Fomalhaut b, el planeta víctima de la estrella de la muerte.

No, no te has equivocado de blog, no es una crítica a Star Wars, este es un blog de ciencia. Lo que pasa, es que de vez en cuando, la naturaleza nos sorprende con cosas que la ciencia ficción nos ha mostrado, pero que creíamos imposibles.

Es cierto que el planeta no ha sido víctima de la estrella de la muerte, la terrible arma del imperio para destruir planetas enteros. Lo que sí es cierto es que el planeta ha desaparecido.

Cuando observamos la estrella Fomalhaut en verano, cuento que, aunque no se puede ver con un telescopio de aficionado, la estrella es la primera en la que se vio (no descubrió, solo vio) un planeta. Ya se habían descubierto planetas antes en otras estrellas, pero verse, verse, no se habían visto, solo detectado. Fomalhaut b fue el primer planeta visto al telescopio (Hubble en 2008 con observaciones hechas de 2004 a 2006) desde que se buscan exoplanetas. Incluso tiene nombre propio, Dagon. O tenía nombre propio.

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Ley de Titius-Bode

La ley de Titius-Bode es una de las grandes y elegantes leyes de la Astrofísica, digna de ser contada. Allá por 1750 los astrónomos europeos buscaban una forma de entender las distancias de los planetas al Sol, ya se habían medido con cierta precisión las distancias al Sol de los planetas conocidos (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno) y se trabaja de buscar un patrón que ayudase a colocarlos y, por qué no, a buscar nuevos vecinos.

En ello estaba Johann Daniel Titius cuando promulgó la ley en 1766, atribuyéndola a Johann Elert Bode, de ahí el nombre de la ley Titius-Bode.

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