Los planetas no siempre estuvieron ahí.

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Bueno, ahí, en el espacio, sí que estaban, pero en otra posición. No es que los colocaran después. Lo que pasa es que estaban en otras órbitas. ¿Cómo sabemos eso? Lo sabemos gracias a un descubrimiento “imposible”.

Cuando en 1995 se descubre el primer planeta extrasolar, el método que se usó para detectarlo fue el de velocidad radial. Aunque ya lo veremos más despacio en otra entrada, se trata de ver como un planeta “bambolea” su estrella al girar alrededor de ésta. Como no vemos el planeta, sabemos que está ahí debido al pequeño movimiento que tiene la estrella alrededor de un punto distinto a su centro (aunque muy próximo).

Movimiento de la estrella producido por un planeta. Wikipedia

Este proceso permite detectar planetas muy grandes (que “sacuden” más a su estrella) y muy pegados a la estrella (cuyo movimiento es más rápido y más fácil de detectar, ya que requiere menos días de observación para ver una órbita completa y establecer el patrón.

Total, todo esto os lo cuento porque tenemos un planeta que es interesante por dos cosas, primero, 51 Pegasi b tiene nombre, Dimidio y su estrella también, Helvetios. Y segundo porque no puede estar ahí.

Digamos que, con ese bamboleo, y una libreta llena de cuentas, se puede calcular la masa del planeta. Resulta que Dimidio debe ser un planeta tipo Júpiter (grande, masivo y gaseoso), y la velocidad del bamboleo nos deja saber cuánto dura su año y con eso la distancia a su estrella que es muy pequeña. Su año dura algo más de 4 días.

Plotón y Caronte, un ejemplo de como satélites masivos generan mayor movimietno de “bamboleo” en la estrella o planeta. Este sistema tiene una luna tan desproporcionada que ambos giran alrededor de un punto fuera del planeta. Cinabrio Blog

¿Y qué problema hay? Un planeta tan cercano a su estrella es barrido constantemente por el viento solar, lo que hace que pierda el gas de su atmosfera, en este caso, siendo gaseoso, eso no es bueno para su futuro.

Conclusión, el planeta no se ha formado ahí, tuvo que hacerlo más lejos de la estrella. Esto ha hecho que realicen muchas simulaciones de la formación y posterior migración de los planetas en el sistema solar. Se ha podido comprobar que los resultados pueden llegar al punto donde estamos ahora, por lo que son ajustados a lo que sucede en los sistemas solares. La simulación más conocida es el modelo de Niza.

Los mecanismos de migración pueden ser muchos, como el rozamiento del planeta con polvo del propio sistema, tirones gravitatorios entre unos planetas y otros o con otros planetas pequeños… Como ya explicamos aquí sobre la ley de Titius-Bode, aunque por otro motivo, las órbitas de los planetas no pueden ser cualquiera. Hay algunas estables, que durarán en el tiempo y otros inestables, que cambiarán en unos miles o millones de años.

Las consecuencias de esto es que hay plantas que cambian de posición en el sistema, se acercan o alejan de su estrella, cambian su posición con otro planeta, caen a su estrella hasta quemarse o salen disparados fuera del sistema y se pierden en el espacio.

Obviamente no había nadie allí para verlo, pero el cielo nocturno de nuestro planeta fue muy diferente hace millones de años. Quizá los planetas que hoy vemos eran muchos más en el pasado, más cercanos… algo muy diferente a lo que hoy vemos. Los planetas (errantes) no fueon los mismos, no brillaron lo mismo, no fueron los mismos que vemos ahora.

La conclusión de todo esto es que nuestra posición en el sistema solar, que hayamos estado en esta zona habitable tanto tiempo como que se hay podido desarrollar la vida (y mantenerse hasta ahora) es el resultado de muchas carambolas.

Quiza algún día sepamos más sobre la migración de los planetas, síguenos para estar al día.

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